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LA VOZ DE LAS PROFUNDIDADES

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Falso titular


Edgar Murillo Sanabria

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¿POR QUÉ ES TAN DIFÍCIL ERRADICAR LA VIOLENCIA EN ARAUCA?

El titular debiera decir: ¿Por qué es tan difícil erradicar la violencia en Colombia?
Pero en aras de la coherencia discursiva centremos, por ahora el foco de la discusión en olvidado departamento de Arauca.
Como centro del debate retomemos la columna del periodista Javier Jules del programa radial de RCN: “Periodista en busca de historias para contar” escrita este miércoles 4 de enero de 2022.
He sido uno de los más de 200.000 testigos a lo largo de algo más de 40 años de la nefasta ola de desarraigo y castigo para la población civil desde la aparición en suelo araucano de la explotación del Nafta.
En 1984 el sufrimiento ha sido una constante en cabeza de muchos habitantes, sobre todo en la zona rural, debido a la enajenación de los territorios ancestrales por la vía del desalojo a través de falsas promesas y engaños pues debajo del subsuelo se comprobó la gran mina energética que llevaría a propios y extraños a cambiar sus vidas de conformidad a sus exiguas posibilidades de subsistencia. Y éste manantial negro tenía el propósito de surtir alguna parte del consumo de energías fósiles del mundo. El explotador no era colombiano, se le entregó el negoció al depredador universal de los grandes consorcios petrolíferos.
En ese tiempo la Occidental Petrolean Company, entre muchas otras, enamoraron de falso desarrollo nuestros deseos de progreso en términos de unas exiguas regalías, las cuales fueron fuente del rubro nacional para engordar el presupuesto Nacional. En sí, eran unas migajas de pan que recogían los politiqueros “criollos y cuates” del turno nefasto de la historia que sin pudor por el daño ecológico sacrificaron la vida por el capital, en concierto destructor bajo la amenaza de la emisión de gases efecto invernadero.
Vi cómo se destruyó la sabana, el llano se entregó a la codependencia económica de las migajas que dejaba el negocio generado por el complejo petrolero Caño Limón-Coveñas (llamado así por el tubo que va desde Arauquita del departamento de Arauca hasta el puerto de Coveñas en el departamento de Sucre, lugar del embarque hacia las potencias del mundo especialmente el Imperio Norte Americano.
Los grande Hatos lecheros pasaron a hacer pequeñas parcelas de los campesinos de alpargata por cuenta del terror que llegó a sus vidas, al ingresar la extorsión, el abigeato y la “vacuna” (cobro simulado por colaboración a la subsistencia de la insurgencia).
Se destrozó el tejido social de los labriegos y ganaderos de la región del pie de monte llanero y la sabana, y con ellos las tertulias del sol de los venados, las leyendas y los mitos.
La subversión o los llamados armados ilegales de origen rebelde por las luchas de los años 50 sobre la posesión de la tierra y el conflicto Liberal-Conservador emergieron como por encanto de las tinieblas de las trincheras, atraídos por el poder de la preciosa nafta y por ejercer el control de la soberanía nacional traían a sus espaldas los enemigos naturales: los paramilitares de las AUC (Autodefensas Unidos de Colombia). La presencia del Bloque Vencedores de Arauca llegó al corregimiento del Caracol (60 km al oeste de Arauca) en el año 2002, haciendo de la industria de la ilegalidad organizada su principal fuente de existencia, auspiciado por los 13 gobiernos que han transitado por los escenarios de la democracia.
Asesinatos de civiles y ejecuciones selectivas, convirtieron los campos del arco iris en frentes de batalla, trazaron políticas paralelas y la población civil hoy se desplaza con el INRI de ser objetivo militar, tanto los revolucionarios armados como los defensores paralelos armados del ejército y el gobierno: los paramilitares, quienes en estricto contubernio genocida con el ejército nacional y por patrocinio Sugestivo del presidente de la época Álvaro Uribe Vélez y su ministro de defensa incentivaron la estrategia de la acciones operacionales premiadas por incentivos que iban desde un pollo hasta vacaciones; por ello se produjeron 6402 asesinatos de civiles indefensos para que los batallones del ejército pudiesen presentar sus éxitos operacionales. Los mal llamados Falsos Positivos, no eran bajas en combate sino ciudadanos seleccionados pos sicarios pagos.
En ese orden las milicias urbanas se volvieron estructuras organizadas de miles de jóvenes que fueron reclutados por las guerrillas y las autodefensas, en respuesta a la AUSENCIA DEL ESTADO.
EN fin, llegaron las masacres, las detenciones extrajudiciales, vimos como muchos de nuestros hermanos civiles, amigos y vecinos pagaron ante la justicia ordinaria injustas condenas ante inexistentes delitos.
Y ahora después de 20 años negros de “Seguridad Democrática” en cabeza de Uribe y de sus cuerpos ajenos, se acabó de abrir la brecha de la desigualdad social, el narcotráfico y la escandalosa corrupción que hoy es una acción más del legislativo, del ejecutivo, de los entes de control. Esta crisis de ingobernabilidad en el sentido estricto de la nula inversión social, en la nula inversión en infraestructura, en vías terciarias, sigue intacta.
Ahora con Duque y todo su gabinete nos encontramos en la peor época de la república. Con este señor como presidente hemos entendido que la utopía in extremis tiene sentido, al conocer por fin el umbral entre la pre-utopía y la pos-utopía, pues el marco de su composición es la tremenda INEPTITUD PRESIDENCIAL. No se ve a corta distancia mejoría de las condiciones de vida del ciudadano más vulnerable, quizá para el emprendedor o el empresario que solo mira la rentabilidad de su negocio, vea un despegue en la economía actual. Pero no deja de ser una visión egoísta del equilibrio entre el poseedor y el desposeído.
Pero para concretar mi crítica retomemos la columna del periodista Javier Jules, además de las plasmadas por Botero, yo diría en mi honda y humilde posición de ciudadano viviente, como lo dije antes, guate que ama a Arauca por armar mi vida de parabienes y sentido de la solidaridad por el dolor ajeno, al igual que el Doctor Botero son una gran variedad de factores inherentes a la compleja red dentro del sistema territorio-sujeto-convivencia, usualmente desconocidos para el Estado.
En materia de rectitud frente a los procesos que dependen del gobierno en su gran alianza con los órganos descentralizados como la Registraduría del Estado Civil y el Consejo Nacional Electoral dejan un gran manto de duda y es, sin duda, un lunar que manipula resultados. La ciudadanía del mundo estará alerta del grado de confiabilidad de las elecciones próximas.
Jules plantea un sofisma de distracción, usando el modelo de Noam Chomsky en su decálogo sobre las estrategias de manipulación de masas, exactamente el primero: “La Estrategia de la Distracción: dice Noam, el elemento primordial del control social es la estrategia de la distracción que consiste en desviarla atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las élites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes. La estrategia de la distracción es igualmente indispensable para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales…” Note amable lector que aquí el problema no es preguntarse ¿por qué es tan difícil erradicar la violencia en Arauca? Que sería el distractor que oculta el verdadero problema: ¿Por qué es tan difícil erradicar la violencia en Colombia?
De aquí la certeza de la mal formulada equivoca pregunta.
Sin saber si Jules ocupa un espacio social que le obligue a sesgar la investigación, queda al descubierto un falso interrogante.
En otras palabras, se puede entender que existen lugares en Colombia donde no es difícil erradicar la violencia. Por analogía, igualmente, se puede inferir que la violencia es propia de algunos territorios y que solo y únicamente en estos casos es difícil erradicarla, queriendo insinuar que hay que atender de manera aislada el problema, lo que da por sentado, para el lector distraído que en Colombia solo hay males propios por la naturaleza e idiosincrasia de sus nativos. Por eso Duque decide mandar dos contingentes de 600 soldados adicionales para contrarrestar la dificultad, diría el analista político. La pregunta sería entonces, ¿con esa estrategia militar, se pueden mitigar los problemas de la violencia en Arauca?

La respuesta es inocentemente obvia: NO. Es apagar el fuego con más leña.

Si la lógica inferencial funciona desde su construcción axiomática, debiera entenderse, entonces, que hay otros contextos en donde la violencia ha sido erradicada, lo cual, ante el abundante material existente, las estadísticas y los hechos se hace completamente imposible. Esto demuestra que el enfoque de la pregunta es sesgado.
Niega la realidad, así sus proposiciones o cuestionamientos sean presumibles eventos.
Además el columnista ha planteado para su saber, dos importantes razones: la guerra en el territorio y la ausencia de Estado, pero esconde dentro de “…sus otros aspectos…” lo fundamental: la ingobernabilidad propiciada por un aparato de gobierno que continua repitiendo el mismo esquema obsoleto de sus antepasados en un orden descendente de frívolas dinastías, carentes de sentido e inoperantes frente a la Constitución que hace del funcionamiento del Estado un paquidérmico aparato al servicio de las élites y los monopolios.
Se sabe que un Estado es el conjunto de sistemas que se entrelazan para crear las condiciones del buen vivir de sus habitantes. Otra pregunta: ¿Los colombianos disfrutan del estado de derecho y reciben los beneficios que les otorga la ley?
La respuesta es NO.
Por efecto de la ausencia de rigor en el análisis, se dejan en la penumbra los verdaderos motivos que han modificado el concepto de Estado, dejando en un segundo plano las consideraciones fundamentales de cobertura nacional, poderosos matices que desestabilizan la nación entera.
Siendo un tema de orden superior supeditado a análisis socio-político, económico y cultural, ligado al cumplimiento de la carta magna en el cual se propone una estado ideal en estricto cumplimiento a lo normado en ella y con sujeción al apego del contrato social entre derechos y deberes, se hace evidente que estos presupuestos no operan desde el ejecutivo, pues al revisar pragmáticamente su aplicación se repite gobierno tras gobierno el negacionismo ancestral de la existencia de las grandes brechas sociales que rompen la tranquilidad y la paz.
Por tanto, la mirada problemática, no es desde el orden territorial. Al contrario, como inició mi crítica al documento del caballero Jules, y de paso mi amigo Botero, el análisis es completamente global, además de profundo, con énfasis en la inclusión, sin distingo de raza, credo ni posición política.
Quiénes han gobernado nuestro país no han logrado entender que el aparato se mueve entero, que si las masas en su integridad tienen calidad de vida, el desarrollo se produce, no es lo que siempre ha mantenido la esfera del poder, los liberales recalcitrantes, los godos los religiosos, los uribistas saben y han sabido que para mantener la hegemonía de sus placeres es prioridad mantener a la población en los sótanos de la ignorancia y la regla de oro es atender las exigencias del mercado externo, esos capitales que invierten en el país para agrandar sus rentas sin importar las consecuencias colaterales, esto es sustentar el poder multinacional de mercados y el poder de los banqueros, que no es otra cosa que el neoliberalismo clásico; depredador él de las economías regionales en detrimento de los derechos de los ciudadanos, de las conquistas laborales, de las oportunidades de trabajo para los de más bajos recursos.
Como ya lo intenté dibujar, explícitamente se trata de una mirada universal de la historia a través del prisma de la verdad en los escenarios de múltiples épocas del tiempo consumido por el hombre; se ha demostrado entonces que las guerras ocurren por causa de la inequidad social.
Retomando entonces el hilo conductor, cabe resaltar en gran medida, que los inéditos hechos de sangre  ocurridos en Arauca el pasado 2 de Enero de 2022, no son ni serán circunstanciales prácticas de ocasionales maneras de reaccionar frente a la inercia del conflicto que es producto de una histórica cadena de lamentables hechos de política pública equivocada, por su puesto se condenan los métodos sanguinarios e impropios de una sociedad que desea salir del ostracismo, antes por el contrario: son las CAUSAS que se establecen como origen del singular quiebre del Estado negacionista por la perpetuidad de un sistema de gobierno que pretende controlar al ciudadano a punta de una “seguridad democrática” basada en la aplicación de códigos disciplinarios de guerra.
No obstante, el calado de semejante situación, requiere un examen riguroso bajo la lupa del investigador imparcial que sopese los factores que se anteponen, en este sentido es imprescindible recorrer la historia desde la génesis de los hechos que generan ingobernabilidad y desconfianza, hasta los hechos objeto del presente discurso; entender la magnitud apocalíptica de su concreta y actual realidad es generar un paso hacia la comprensión del problema, como una realidad que monta una crisis de guerra fratricida entre hermanos, no será, entonces una reliquia con propietario, sino que detrás del problema se encuentran inmersos grandes grupos de la población, incluidos los medios de comunicación, que repite la voz  de un gobierno sin brújula bombardeando de inexactitudes la zona roja del combate.

En conclusión, el daño ya está consumado y está concentrado en una cepa sembrada en lo más profundo del tejido social, atacarla es dar los primeros pasos para crear una ruta inteligente que conduzca colegiadamente a la implementación de mecanismos alternativos que permitan las transformaciones profundas que pide el pueblo; es, ante todo, una búsqueda colectiva de las causas que originaron las guerras. Se debe reordenar la sociedad, reformando los sistemas de educación, de salud, de justicia, de política, de la economía, de la vinculación de todas las personas a una calidad de vida permanente, ante todo, alcanzar la confianza inversionista, el respeto de la propiedad privada alcanzada por las vías legitimas del estado social de derecho.
Y en gracia de colofón, esta sinopsis de lo que vio y vivió una de las 200.000 víctimas del conflicto en Arauca pide a quien pueda responder si la pregunta era correcta.

Por: Edgar Murillo Sanabria
#SoyMamertoYqué

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