Loading...
Jump to content
  • artículos
    11
  • comentarios
    3
  • vistas
    3773

[email protected] de riquezas


Miguelángel Núñez

354 views

Larguísimo y de largo aliento el monólogo de Sarmiento Angulo, quien dice controlar los grupos empresariales que aportan entre el 2 y el 3 porciento de los impuestos anualmente tributados en la República de Chibchombia. Más de dos horas de las que mi guapura estratégica solo resistió una, saltándome hasta que dio cuenta de la corrupción hallada en la Ruta del Sol, cuando sus grupos se asociaron con Odebrech y hasta que explicó el detalle fallido del diseño del puente de Chirajara que lo destinó a su caída. Mucho muchísimo dinero para darse el lujo de, sin que le duela una pestaña, construir el nuevo puente con su propio patrimonio. Descubriendo lo que omite decir es una buena forma de hacer análisis crítico de su discurso. Así como no cuenta las exenciones tributarias de las que gozan quienes donan un Edificio de Ciencia y Tecnología a la Universidad Nacional, tampoco narra cuál ha sido, por ejemplo, el rubro de sobrecostos no previstos, en los contratos que sus sociedades han  ejecutado. Ese rubro es uno de los sacos rotos, que según el ingeniero R. Hernández, aspirante a la presidencia, es usado adrede por las constructoras para desfalcar el erario.

La justicia distributiva está claro, no está en las prioridades de este señor, que a falta de un actual liderazgo nacional, la dirección de esa revista pretende mostrar como si perteneciera a una familia real. Citados para conversar, el empresario y V. Dávila, en una sala amplia, con una pintura de gran formato, que parecía mostrar un paisaje difícil, un amago de casas levantadas en una especie de subpáramo, como dando el mensaje de rudeza para conquistar terrenos adversos, muy contrario a la personalidad amable, hecha aún más dulce, por la vejez, de L.Carlos. Especialmente los medios masivos de comunicación que dominan la difusión de opinión en Colombia, han buscado desde el 2018, y como reacción a la falta casi absoluta de liderazgo político de la presidencia, una cabeza que llene ese vacío. Lo hicieron con el antiguo Ministro de Salud, inflándolo hasta hacerlo lanzarse a la Presidencia, y ahora le votan cámara a alguien que no necesita inflarse sino mostrar su poder económico. La intención del monólogo  de L.C. Sarmiento, más allá de la semblanza biográfica, es disciplinar -como lo interpretaba Michael Foucault- a la sociedad, advirtiendo que en el caso de que el  gobierno por venir cambie las reglas tributarias, buscando progresividad, equidad y distribución, los empresarios (no propiamente él, pero los como él) dejarán de invertir sus capitales allí. Ello en cualquier circunstancia es angustiante, el anverso de su mensaje, visto en detalle, es el pánico económico.

Más que las relaciones próximas (2022-2026) entre partidos y movimientos políticos, y del equilibrio de poderes entre Ejecutivo y Legislativo, son las de los grandes capitales económicos con las sociedades progresistas las que merecerían nuestra atención. Si esos son capaces de negociar su principio de enriquecimiento para ganar en equidad social, habrán cambiado las circunstancias para que no ocurra  más conflictos del tipo de la administración de las basuras (sucedido en Bogotá durante el  2012-2016), en el que la avaricia arriesgó la salud pública de las ciudadanías.

Si un diálogo de seis años logró desestructurar a las guerrillas más organizadas en Latinoamérica, acordando un pacto entre ellas y la sociedad, con seguridad será posible un entendimiento más perfecto entre entidades que no muestran sus capacidades militares como sinónimo de fuerza; es decir, si existen realmente capitales limpios de armas, adelantar un proceso entre grandes empresarios y las sociedades, para construir acuerdos sobre las reglas futuras de la economía será papita pal loro, en comparación con las complejidades de los procesos de paz con grupos rebeldes. Ese proceso de diálogo requiere sí, el tiempo necesario, para que las nuevas reglas tributarias no sólo sean leyes sino parte de una política de Estado.

De allí la pregunta flotante: será una reforma constitucional (que requiere mayorías cualificadas en el Congreso) o será una Asamblea Constituyente la forma de poner a andar un nuevo sistema de distribución de las riquezas?

En mi opinión, la Constitución de 1991, como texto sensible que se transforma conforme las demandas sociales, goza de sincretismo: cuenta con la cualidad de fusionarse e incluso, gracias a la desconcentración de funciones y la descentralización, con la de fisionarse o desdoblarse.
 
La puesta en funcionamiento de las entidades territoriales indígenas, por ejemplo, es un caso de probable desdoblamiento: la apertura de un texto constitucional (el artículo 329) que confiere autonomía a los Consejos Indígenas para que gobiernen, entre otras cosas,  determinando una regla fiscal.

Cómo participar en las rentas producidas socialmente, percibiendo y prestando bienes y servicios? Sea cual sea la fórmula económica que responda esta pregunta, se llegará a ella por el camino de la política, lo sabemos, bien sea activando las detonantes que permiten la metamorfosis  de la del 1991, o bien mediante el llamado al poder constituyente. Cual alternativa se tome, digo yo, dependerá de si el próximo gobierno sea o no progresista.

Editado por Miguelángel Núñez

0 Comentarios


Comentarios recomendados

No hay comentarios para mostrar

Guest
Añadir un comentario...

×   Pegar como texto enriquecido.   Restaurar formato

  Sólo se permiten 75 emoji.

×   Tu enlace se ha incrustado automáticamente..   Mostrar como un enlace en su lugar

×   Se ha restaurado el contenido anterior.   Limpiar editor

×   No se pueden pegar imágenes directamente. Carga o inserta imágenes desde la URL.

×
×
  • Crear nuevo...