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EL “AUMENTO” DE LA GASOLINA


DaveMaldon

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“¡La gasolina va subir!”

Esta escandalosa frase ya se ha hecho muy popular entre los colombianos. Y no solamente se trata de una acusación por parte de la oposición al gobierno. Es una realidad que se debe “agarrar con pinzas”.

Contexto

Para comprender la magnitud de esa frase y sus implicaciones, pongámonos en contexto.

Debido a los altos costos de los combustibles y una inflación en crecimiento abrupto finalizando 2021, el gobierno de la época tuvo la iniciativa de congelar el precio de la gasolina en el último trimestre de ese año y el primer semestre de 2022. Para ello implementó un instrumento llamado FEPC (Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles, por sus siglas), a través del cual el Estado subsidiaba el excedente del precio de la gasolina corriente y diesel cuando se superaba la barrera de los $9.000 aproximadamente. En otras palabras, si los combustibles subían mucho (como en efecto a sucedido por las alzas internacionales), el Estado aliviaba esos aumentos, a través de unos desembolsos a los productores e importadores para cubrir el excedente y así favorecer a los consumidores finales.

Esta solución planteada se ha convertido en una “bomba de tiempo”, ya que se esperaba que en el corto plazo los precios bajaran para que los excedentes se volvieran superávit (es decir, a favor), pero desafortunadamente ha tenido el efecto contrario debido al panorama mundial petrolero.

El problema ahora

En marzo de 2022 el fondo FEPC ha abierto un hueco fiscal de casi 14 billones de pesos (aproximadamente 0,1% del PIB) y el gobierno Duque vio la necesidad de intervenir las utilidades de Ecopetrol para tratar de cubrir el déficit, pero no ha sido suficiente.

De acuerdo con el gobierno Petro, en esa tendencia, el déficit sería de 40 billones anuales. Por lo tanto, el Estado está endeudado consigo mismo y seguirá endeudándose gracias al subsidio del FEPC.

Aunque el gobierno Duque había propuesto unos incrementos graduales (de $150 a 400 por galón) mensualmente, a partir de junio de 2022, estos incrementos solo se dieron este año, en los meses de enero y de julio.

Estando así la situación, ni siquiera la reforma tributaria en estudio (25 billones) cubre el déficit del subsidio (40 billones).

Lo peor de todo es que el diesel (sí, aquel combustible con el que se mueve carga y pasajeros) es el que mayor tajada se lleva del subsidio.

El llamado del actual gobierno es a desmontar gradualmente este subsidio. De hacer esto en forma generalizada, podría ser una trampa mortal para el precio de los alimentos y otros, ya que, si sube el precio del diesel, suben las tarifas de transporte de carga y de pasajeros. Es decir, menos paseo y más hambre.

Afortunadamente, ya se ha descartado el aumento al precio al diesel, reduciendo significativamente el impacto a los bienes y servicios transportados en vehículos diesel. Por otro lado, se están evaluando otros combustibles alternos al diesel, que no están sujetos a las fluctuaciones de los precios del petróleo. Entre estas alternativas, se encuentran: el biodiesel, el gas natural vehicular y el hidrógeno. Pero todas ellas se deben analizar con lupa, en cuanto al costo, el rendimiento por kilómetro y su impacto al medio ambiente.

Otra mirada

El actual gobierno se caracteriza por una política igualitaria, por cuanto a que quien “más gane, más pague”. La senadora Katherine Miranda ha tenido la idea de manejar tarifas diferenciales según la gama del vehículo particular que va a “tanquear”. De acuerdo al SOAT (seguro obligatorio de accidentes de tránsito) en la estación de servicio se le indicará al (a la) conductor(a) la tarifa a pagar. Esta idea podría funcionar siempre y cuando las estaciones de servicios tengan una base de datos que permita establecer la gama del vehículo de acuerdo al SOAT con solo digitar la placa del mismo. De esta manera se sigue subsidiando (parcialmente) a quienes realmente lo necesitan. Como sucede con las tarifas diferenciales de servicios públicos según el estrato, o sea, unas tarifas subsidiadas y otras subsidiarias.

 Conclusiones

En realidad no se trata tanto de que suban los combustibles, sino de aplicar un desmonte muy gradual del subsidio a la gasolina implementado en la era Duque. Tampoco se trata de perjudicar a los conductores, sino de frenar el déficit generado por ese generoso subsidio. Más bien, la solución de fondo es impulsar proyectos de investigación, innovación y desarrollo (IID) en la implementación de energías limpias para la movilidad, algo que puede beneficiar la economía de todos en el largo plazo y el medio ambiente nos lo agradecerá.

David Maldonado Villalobos
Ingeniero civil,  Magister en Recursos Hidráulicos y Medio Ambiente. 
Escuela Colombiana de Ingeniería. Bogotá Colombia

Nodo Escritores por el Cambio

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Editado por DaveMaldon

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