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Colombia #15N, Inicia aprestamiento sociopolítico para las transformaciones.


Cristian Cartagena

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El próximo #15N inicia un proceso nuevo para la sociedad colombiana: se abre un momento de aprestamiento para las reformas, transformaciones y cambios que supone el mandato de gobierno 'Colombia Potencia Mundial de la Vida'. El fantasma de la ingobernabilidad merodea la tranquilidad progre. El Pueblo colombiano ha eclosionado en la República señorial, el gobierno lleva un ritmo prágmático y constante, y en algunas semanas de labores ya ha producido consensos que antes nos parecerían de idilio. La oposición ha encontrado ya un lugar de aprestamiento también, luego del 'knock out' que supuso la perdida de su hegemonía como cabeza de gobierno.

En una columna pasada sugerí esta juntura entre estoicismo y hedonismo, entre pragmatismo y utopismo, entre progresismo y populismo, entre Pueblo y Nación, País y Patria, como impulsora de la apertura imaginativa-política que supone el 'momento progre'. Luego de algunas semanas de gobierno y ante la convocatoria a la Movilización del #15N, percibo un cambio de momento: vamos hacia un aprestamiento de las trasnformaciones sociopolíticas que elegimos.

Eso supone encontrar un punto de equilibrio entre movilización y ejecución, entre 'imaginación política' e implementación de políticas públicas, y entre Pueblo, Nación y República a mediano plazo, de tal suerte que se puedan expresar las inconformidades de la ciudadanía y las voces de los opositores, pero se mantenga un ritmo de gobernanza favorable a la implementación. Llamemosle temporalmente 'equilibrio socio-ejecutivo'.

Sin embargo no es tan sencillo como 'dejar gobernar a los que ya elegimos', pues ese razonamiento hace parte de un falso dilema. Lo importante a considerar en esto no es qué tanta lubricación social pueda darle la ciudadanía a la agenda de gobierno, pues el apoyo lo tiene, no debería dudarlo. El asunto se vierte mejor sobre una superficie no propiamente política, llamemosle 'infrapolítica' y 'ultrapolítica', como regiones extensas de una realidad tangente a la política y que la configuran a ésta. Allí el problema del equilibrio supone una apertura imaginativa, un 'diálogo interdimensional' y una pragmática casi artística de la política, un 'ars politica'.

Todo ello supone aprestamientos en la praxis, pero también en la consciencia, la inteligencia y la sintiencia como especie, incluso aparte de la identidad patria y su colonialismo criollo. Más bien desde la paradoja de la universalidad como especie, en la que ninguna de nuestras fómulas es la mágica para reformar la sociedad, sino desde una disposición genuina de solución, en la que reconocemos que a muchos de los problemas que afrontamos en el momento no les sabemos solución definitiva, y entonces merecen nuestros mejor esfuerzo, y no menos.

Además media en esto un mecanismo ideológico que afecta aspectos centrales del aprestamiento desde la imaginación: la presencia fantasmagórica de la ingobernabilidad nos pone nerviosos para romper algunas hegemonías, pues para llegar a ser gobierno primero debimos ser ingobernables, paradoja de toda revolución que ha pasado desapercibida ante el idilio que supuso una tan ansiada victoria. Esta fantasmagoría afecta la imaginación, la coloniza e inhibe de lo nuevo y universal, dejando a los expertos y profesionales, quienes ejecutrán y diseñarán las políticas públicas, con lo que ya saben hacer como instrumental único al cual acudir para resolver una situación que empero es extensamente novedosa. Aunque en el gobierno, seguimos pensando en el esquema dual de opositor-gobernante, y no en el tripartido de co-gobierno-pueblo-republica u gobierno-opositor-sociedad veedora, esquema que es el que de hecho se desarrolla desde la victoria electoral. Seguimos en el esquema dual al afanarnos por el pragmatismo de quien usa un instrumento que no le pertenece, y debe hacerlo por un tiempo limitado. Ese instrumento no es otro que la República, o mejor, su tercera parte más o menos. La inercia del esquema dual lleva a introducir el afán del verdugo para solventar las necesidades del pueblo, de esa manera imponemos un ritmo que afectará el equilibrio antes sugerido.

Un ejemplo de esto es la dificultad que supone la implementación de una política de transición energética, fundamentada en la autonomía energética y en la utilización de fuentes cuyos retornos energéticos sean no solo superiores a los de la energía fósil industrializada, sino cuya huella ecológica sea menor y sean fácilmente renovables. Tarea nada sencilla que Dinamarca no hubiera logrado si hace cuarenta años en una coyuntura comparable a la actual, no se hubiera decidido por aportar no menos del 5% de su gasto sectorial en ello. No va suceder de la noche a la mañana, así que estos problemas no sirven al pragmatismo militante que ya se afana por resultados inmediatos de los 'primeros cien días'. Ningún cambio serio en esta materia va tomar cien días. Similar ocurre con las políticas que puedan destrabarnos de la 'Revolución Verde' en la agricultura. O la dependencia tecnológica de la industria colombiana, o la dependencia económica de la política de subsidios. Hay cuestiones de fondo y no de 'foto' que merecen ser consideradas en la lente de la coyuntura, es decir como pedacitos de futuro en el presente y por tanto pedacitos de presente y objetos de agencia inmediata.

Si seguimos presionando por 'resultados', en una situación marcada por la presencia fantasmagórica de la ingobernabilidad, por la rectitud de las deciciones de gobierno en razón a la gobernabilidad, la confianza irracional en que por ser militantes de izquierda o profesionales en un campo 'ya sabemos lo que el país necesita', la desconfianza en las soluciones de futuro, orgánicas, y la desconfianza sobre el respaldo electoral ya refrendado, vamos a hacer menos del 40% de lo que realmente podemos hacer, y que además debemos. Con efectos no para solo para Colombia, sino para la humanidad.

Por ello el momento de aprestamiento no puede conformarse con un diálogo intersectorial por participativo que éste sea, sino que requiere un 'diálogo interdimensional', entre aspectos y dimensiones difíciles de los problemas difíciles que nos propusimos superar como sociedad, en particular la violencia, la insolvencia y la demencia ecológica. Interdimensional para que los problemas se vinculen desde su realidad concreta que es multidimensional, y por tanto también objetiva, pues nuestra época lleva una sobrecarga de subjetivismo que las ciencias sociales apenas comienzan a remediar.

Pero también requiere una apertura imaginativa para preguntarnos antes de diseñar la política si lo que estamos imaginando es realmente transformador y benéfico para la solución de esos problemas, o si simplemente es lo que ya sabemos hacer, en cuyo caso no debemos olvidar que contamos con el apoyo de millones de mentes y corazones, y con una apertura cultural tremenda en la mayoría de las sociedades humanas. El mundo entero entró en una fase revolucionaria y por eso a las élites no les queda más que la misma y vieja táctica de la primera guerra mundial contra la revolución alemana del 18, una guerra internacional que despoje el valor redistribuido luego de las luchas sociales post-2008, chantajee las alianzas progresistas e impida la llegada al poder de formaciones populares lideradas por la izquerda.

Por último el momento requiere concebir a la praxis política como un 'arte', en la que hay que crear más que 'aplicar'. En la que el proceso mismo es parte de la obra y no simplemente su 'medio'. Un olfato que requiere aplicar sintiencia, inteligencia y consciencia, e introducir una pausa a la acción que permita armonizar el ritmo de implementación de las políticas, con la formación de nuevas relaciones de socibiliadad y ecología que están aún fuera de la imaginación de los ejecutores de la política.

Se trata de un momento de aprestamiento, y por tranto de una situación en la que hay que 'sentar bases' más que cruzar metas. Una situación en la que nuestros líderes pudieran aprender una disposición últil del estoicismo, y que supone un cuidado permanente frente a la adulación, una economía política de la palabra para no caer en provocaciones, comprendiendo que aquello que imaginemos es imporante para lo que hacemos, puesto que lo habilita o lo recluye al universo de lo inefable.

Pero en este momento sociedad y gobierno no tienen como inefable una transformación social y ecológica, al contrario esta es la columna vertebral del mandato que elegimos. Así que preparémonos para encontrar un equilibrio dinámico entre movilización e implementación que habilite la instalación de esas capacidades huamanas que van a redundar en el logro de la calidad de vida de la gente, y no tanto en la inercia de gobernabilidad que supone la dinámica apoyo-oposición, falso dilema frente a lo importante: la transformación de la República Señorial de tal suerte que no vuelva a dejar por fuera al Pueblo colombiano, y asuma la problemática económica y social que supone un nuevo régimen de relaciones ecológicas en nuestras actividades productivas y en la vida cotidiana.

Por esta sencilla, eceptica y pragmática razón, este #15N debemos movilizarnos y cuidar este 'Co-gobierno del Pueblo en la República'.

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